Las Islas Skellig: El lugar donde se filmó Star Wars

Con el estreno de la nueva película de la Guerra de las Galaxias: « El despertar de la fuerza », un desconocido rincón de Irlanda ha despertado el interés y la curiosidad de los aficionados a la saga, y de los viajeros en general. Te hablo de las Islas Skellig.
 
Tuve la suerte de poder visitarlas hace pocas semanas, durante el periodo que estuve viviendo en Irlanda con los niños.

Leer Vivir en Irlanda con niños

De hecho yo no sabía nada de ellas hasta que una buena amiga me habló de su existencia. El viaje tuve que hacerlo solo, puesto que no está permitido el acceso a los menores de doce años. Sus empinadas escaleras no se recomiendan a los menores, como una medida de seguridad.
En este vídeo podéis haceros una idea de la majestuosidad de este lugar, y de porqué se decidió rodar aquí « El despertar de la Fuerza ». Las formaciones rocosas de las islas les dan un aspecto extraterrestre, muy en sintonía con las localizaciones de La Guerra de las Galaxias.
Las Skellig están formadas por dos islas: Skellig Michael y Skellig Beag, muy cercanas entre sí, a poco más de 12 kilómetros de la costa. La manera de acceder a ellas es contratando una excursión organizada con uno de los barcos que operan en la zona, ya que no está permitido el acceso sin un guía acompañante.
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La isla de Beag no se puede visitar. Eso es una buena noticia, ya que al no acceder humanos a Skellig Beag se protege la fauna local, de una extraordinaria riqueza. Mientras navegábamos pudimos ver cómo nos seguían varios delfines que jugueteaban con las olas que dejaba nuestra embarcación, además de ver muy de cerca focas, frailecillos y alcatraces. De hecho, esta isla alberga la segunda mayor colonia de estas aves: alrededor de unas 50.000.

El Monasterio de las Islas Skellig

Sólo se visita Skellig Michael. En este extraordinario lugar hace 1.400 años (hacia el año 500 d.C.) se asentó una comunidad de monjes buscando el lugar más apartado del mundo conocido, con el fin de retirarse y orar. En lo alto de esta isla construyeron un pequeño monasterio, del cual quedan intactas la mayoría de sus edificaciones. Lo asombroso no es sólo este hecho, sino el contemplar el extraordinario trabajo hecho con una piedra de gran dureza, teniendo en cuenta los medios de aquella época. El monasterio se estableció en la cima de la isla, a salvo de la brutalidad de las olas del Atlántico Norte, y más cerca de Dios. Para lograrlo previamente fue necesario tallar en la misma roca 270 escalones, los cuales tuve la gran suerte de recorrer.
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Según la tradición fue Fray Fionan quien encabezó aquel grupo de religiosos en su aventura de establecerse allí. La roca les impedía obtener alimentos de la tierra, pero sí pudieron alimentarse tanto de los huevos de las aves que allí anidaban, como de la pesca abundante de la zona. (De hecho nuestro capitán, mientras duró la visita a la isla, se dedicó a pescar unas cuantas caballas. No lo supimos entonces, claro, pero sí al tomar el camino de regreso cuando nos las preparó en un fuego improvisado en su barco. Creo que nunca me ha sabido tan bien unos filetes de pescado). Gracias a estos productos los religiosos podían realizar trueques con los aldeanos de la costa, pudiendo proveerse de algunos artículos básicos.
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Los monjes habitaron la isla durante más de 500 años. Durante este periodo sufrieron gran cantidad de calamidades. No sólo las provinientes de la naturaleza: En al menos cuatro ocasiones fueron atacados por barcos vikingos, desde el siglo IX al XI, siendo asesinados la mayor parte de sus habitantes, o vendidos como esclavos. En el año 1.000 la isla fue abandonada, dejando sus construcciones en el mismo estado en el que podemos recorrerlas en la actualidad.
Copyright Imágenes: Joan Torres.
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Joan Torres

Viatger, blocaire i optimista empedreït. Lector d'amagat i pare a jornada completa. Viajero, blogero y optimista empedernido. Lector a hurtadillas y padre a jornada completa.

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