Potsdam, Meissen y Dresde. Un viaje con tres sorpresas.

Hace unos días tuve la suerte de participar en un viaje que organizó la oficina de turismo de Alemania por la zona de Potsdam, Meissen y Dresde, con la finalidad de dar a conocer aquel pedazo de la antigua RDA. La huella de la época comunista sigue presente en algunos rincones, a pesar de que con la reunificación de Alemania se intenta recuperar un pasado anterior.

Aunque era una visita relámpago de tan sólo cuatro días, el viaje se terminó convirtiendo en toda una experiencia, que es lo que deberían ser todos los viajes. Lo llamativo fue que a pesar de tener una agenda apretadísima, a pesar de tener que ir de ciudad en ciudad como si nos persiguieran, los lugares que fuimos visitando fueron capaces de crearme emociones intensas, y de darme tres gratas sorpresas.

POTSDAM

Nuestra primera parada la hicimos en Potsdam, capital del estado de Branderburgo, una ciudad que no conocía. La impresión, tras recorrerla, fue realmente agradable: sus calles amplias y ordenadas están rodeadas por una exuberante vegetación, como si la ciudad entera la hubieran construido en mitad de un bosque. De hecho su nombre significa “bajo los robles”. El 75% lo forman zonas verdes y arboladas. El resto lo ocupan unos elegantes edificios y el peculiar barrio holandés, el cual contrasta con el resto de la ciudad.

Fue duramente bombardeada en abril de 1945, quedando arrasado su centro histórico. En la actualidad se han emprendido muchos trabajos de recuperación que le están devolviendo su antiguo esplendor.

Schloss Cecilianhof

El segundo día nos llevaron a conocer el palacio Schloss Cecilianhof. Al finalizar la II Guerra Mundial este palacio acogió a los mandatarios de las potencias vencedoras: Winston Churchill, Harry S. Truman y Iósif Stalin. En su interior uno pierde la sensación de encontrarse en un palacio, ya que las dimensiones de las habitaciones y la disposición de las mismas le dan un aire de residencia de la campiña inglesa. Pero en mitad de todas ellas se encuentra vigilando la sala central, como el ábside de una catedral, forrada de madera. En el centro de ella domina una gran mesa redonda con sus sillas, las mismas en las que se sentaron los tres jefes de estado a jugar una partida con la que se repartirían el planeta, y de la que saldría el destino del mundo. Allí se firmó el tratado de Potsdam, cuyas repercusiones han llegado hasta nuestros días. Esa fue la primera de las sorpresas que me deparaba aquel viaje. Pocas veces he experimentado el peso de la historia como en aquella sala.

Sanssouci

Sanssouci es un palacio de estilo Rococó que mandó edificar Federico II el Grande, rey de Prusia. Nunca han terminado de gustarme los estilos Barroco y Rococó. Por eso emprendí la visita sin gran entusiasmo. El conjunto lo forman un grupo de edificios, cuya finalidad era la de acoger reuniones privadas del rey rodeado de sus amigos íntimos, en las que dominaban las artes -música y literatura, principalmente- así como las tertulias intelectuales. De hecho la traducción del francés del término sanssouci es “sin preocupaciones”. La entrada, dato curioso, estaba prohibida a las mujeres para, según ellos, preservar un ambiente distendido. Tras hacer el recorrido por las dependencias iniciamos un paseo descendiendo por las terrazas que jalonan el tozal sobre el que se asienta el palacio. Una imagen que se me quedó grabada fue cuando, una vez abajo, junto a una sencilla fuente, me giré y observé la bellísima imagen que formaban las terrazas, engalanadas con las hojas de vid, coronadas por el palacio de Sanssouci. Aquella sería la segunda sorpresa.

MEISSEN

A Meissen se llega tras cruzar la zona boscosa de Spreewald, un auténtico laberinto de canales, el cual recorrimos en una mínima parte, a bordo de una canoa, y bajo una intensa lluvia. Gajes del oficio de viajero…

Al llegar a Meissen fuimos directamente a visitar la Fábrica de Porcelana de Meissen, fundada en el 1710. Otro de los intereses que no se encuentra entre mi lista de preferencias es la porcelana. Otra vez, claro, comencé la visita con el interés más bien justito. Y otra vez me vi sorprendido por un gratísimo recorrido por el interior de la fábrica-museo, de la mano de una excelente guía que nos desgranó los procesos de elaboración de la porcelana más antigua de Europa.

Nos instalaron en Meissen en un precioso hotel de estilo romántico. Por lo apretado de la agenda, y por la lentitud con la que nos sirvieron la cena, el tour por sus callejuelas tuvimos que hacerlo bien entrada la noche. Acompañados por una de las mejores guías de todo el viaje, iniciamos la ascensión hasta el castillo de Albrechtsburg, en penumbra. Esa circunstancia, que en un principio parecía un contratiempo, resultó toda una experiencia, pues recorrer su casco antiguo casi a hurtadillas, con sus calles empedradas, en silencio, se convirtió en una experiencia fascinante, y en la tercera sorpresa que me aguardaba en Alemania. Fue tal la sensación que nos dejó que todos los que formábamos el grupo decidimos madrugar al día siguiente para hacer, fuera de programa y recién salido el sol, una segunda visita a aquella maravillosa ciudad. Recogí algunas imágenes las cuales puedes ver en este vídeo, en el canal de Youtube de Viatges Alemany.

DRESDE

Las últimas horas antes de coger el vuelo de regreso las pasamos en Dresde, una ciudad preciosa que lucha por recuperarse de los daños infligidos por un bombardeo desafortunado y a destiempo, llevado a cabo en la II Guerra Mundial, cuando prácticamente se había firmado la rendición. Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945 los aliados decidieron arrasar la «Florencia del Elba”, más como revancha que como una acción estratégica.

Dresde guarda joyas como la Iglesia de Nuestra Señora, los jardines barrocos de Großer Garten, o el Semperoper, sede de la ópera de Dresde.

A parte de las tres sorpresas hubo muchos más detalles encantadores. Pero no caben todos en un post. En fin, un viaje, este de Potsdam, Meissen y Dresde, que me ha dejado con ganas de más.

Joan Torres

Viatger, blocaire i optimista empedreït. Lector d'amagat i pare a jornada completa. Viajero, blogero y optimista empedernido. Lector a hurtadillas y padre a jornada completa.

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1 respuesta

  1. Javier dice:

    Buenas Joan!
    A mi Dresden me encantó, es una ciudad increible, esos jardines maravillosos que la recorren, junto a ese rio de ahí el apodo de la » Florencia del Elba» y ni que decir de la riqueza arquitectónica que guarda tanta historia entre sus fachadas. Mi familia y yo debido a que teníamos poco tiempo para conocer Dresden y el idioma nos lo dificultaba aun más, decidimos realizar un tour guiado en español para empaparnos bien de todo lo que rodea a esta bonita ciudad. La verdad no defraudó, fue un recorrido muy interesante y el guía estupendo.
    Por cierto, por si os interesa el tour que realizamos aquí lo dejo https://www.ofertasenpraga.com/tour/tour-dresden/
    Muchas gracias por compartir tu experiencia con nosotros, las fotos chulisimas, nos recuerdan mucho a cuando estuvimos. Saludos viajero!

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