Safari por el delta del Okavango

Hace unos años tuve la suerte de hacer un safari por el delta del Okavango, como parte de una expedición de unos veinte días. La ruta partía de Sudáfrica, nuestro aeropuerto de llegada, y desde Johannesburgo comenzábamos el itinerario, el cual debía cruzaría cuatro países. Aunque el viaje tuvo muchas cosas interesantes, hoy quiero hablaros de una parte de él, la que pasamos en el delta del Okavango, en un safari a pie de un par de días.

El delta del Okavango

Escenas en el safari por el delta del Okavango

Escenas en el el delta del Okavango

Está situado en Botsuana, país que limita con Namibia, Zimabue y Sudáfrica. Cuando uno decide viajar al delta del Okavango debe tener claro que no es un delta cualquiera. Bastará con deciros que Botsuana no tiene ni un kilómetro de costa. La pregunta es: entonces ¿dónde desembocan los millones de litros de agua que transporta?

Para responderla es necesaria una pequeña apreciación: en realidad no debemos hablar de un delta; lo correcto sería llamarlo abanico fluvial. Este tipo de fenómenos es poco usual, y se produce cuando una corriente de agua que fluye rápidamente entra en una zona plana, disminuyendo su velocidad y extendiéndose en un gran abanico con forma de delta.

El delta del río Okavango se extiende desde los 15.000 m2 hasta los 22.000 m2 en la época de las crecidas. El agua llega a través de este río, el cual nace en Angola, cruza Namibia hasta llegar a las llanuras del desierto del Kalahari, que va absorbiendo las aguas del delta. ¿A dónde va después todo ese agua? Sigue siendo una incógnita.

Es tan peculiar este fenómeno que en 2014 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

En el delta viven gran cantidad de especies: los grandes felinos (leones, leopardos y guepardos), los principales hervíboros (elefantes, el más habitual, además de rinocerontes, búfalos, ñus, gacelas…), junto con hienas y licaones. No obstante, la fauna del delta tiene algunas peculiaridades. La más destacada es que los leones del Okavango son famosos por ser especialmente grandes y fuertes, además de que son los únicos de su especie que pueden nadar, ya que han evolucionado para dominar este medio inundado.

El safari por el delta del Okavango

La expedición consistía en un safari a pie de pocos días, cruzando las zonas anegadas del Okavango, a la búsqueda de la fauna salvaje que pudiéramos encontrar. Conviene tener en presente que el delta cambiar constantemente. Lo que hace una semana podía ser un camino transitable hoy es una gran laguna que exige seis horas para vadearla. Para llegar a una zona transitable realizamos una travesía de varias horas en mokoros, las piraguas tradicionales, por zonas anegadas de juncos, plantas del papiro y nenúfares.

Transporte en mokoro por el Okavango

Transporte en mokoro por el Okavango

Aunque había estado anteriormente en África, descubrí que uno no siente toda su fuerza hasta que abandona la comodidad de los hoteles, y la relativa seguridad de los automóviles, y cruza a pie los pastos africanos, sin más protección que el palo de Roy, nuestro guía nativo.

Durante el día debíamos seguir las indicaciones que nos daba con el fin de encontrar animales y poder fotografiarlos. La enorme experiencia de Roy nos permitió saber qué tipos de elefantes estábamos siguiendo al analizar sus excrementos, una de las pistas más importantes cuando uno está en la naturaleza. Así, por ejemplo, supimos que seguíamos a un ejemplar mayor con sus piezas dentales en mal estado, por la forma en la que había triturado la hierba previamente ingerida. O si los restos encontrados eran de una hiena hembra, y qué edad debía tener.

Acampada en el delta del Okavango

Acampada en el delta del Okavango

Durante el safari dormimos en tiendas de campaña, las cuales montábamos en algún lugar seco que Roy seleccionaba. Una vez instalado el campamento, preparábamos el fuego con ramas secas de acacias, hacíamos la cena, y nos quedábamos alrededor del fuego, a escuchar los sonidos de la auténtica África, y a mirar su cielo nocturno. Luego, en la soledad de la tienda, la fina lona terminaba convirtiéndose en ladrillo sólido, se te pasaba el temor, y te quedabas dormido.

Cuando uno ha estado en otros lugares como las reservas de Kenya o en el Parque Krüger, en Sudáfrica, sabe que abundan los grandes felinos y que es habitual verlos a no mucha distancia. A nosotros en cambio no nos fue posible ver ningún gran felino durante los días que duró el safari a pie por el Okavango. Seguimos sus huellas, los oíamos por las noches, observamos durante horas las grandes manadas de ñus, de cebras o de gacelas, pero no estuvimos de suerte. Tampoco nos importó, lo importante ya lo habíamos hecho: caminar solos por África.

 

ⓒFotos Flickr

Joan Torres

Viatger, blocaire i optimista empedreït. Lector d'amagat i pare a jornada completa. Viajero, blogero y optimista empedernido. Lector a hurtadillas y padre a jornada completa.

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